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9 de abril de 2015

Dear little fish








No sabéis qué es que te escriban esto. "Te quiero" es la primera palabra que me ha venido a la mente después de leer todas y cada una de estas increíbles palabras. Gracias! Si un día no sabéis qué hacer ya sabéis, escribidme!


"Inexplicable. Esa es la primera palabra que acude a mi cabeza cuando pienso en la manera de explicar lo que nos une. Sigue pareciéndome increíble que a la semana de conocernos, es decir, habiendo pasado tan solo 168 horas desde que nos vimos por primera vez, estuvieras subida a la parte trasera de una moto que yo conducía camino del cine. Poco o nada ha cambiado entre nosotras desde ese día, o mejor dicho, poco has cambiado a mis ojos, aunque la evolución ha sido ascendiente y constante. De los casi 7 mil millones de personas que existen en el mundo, no podría haber conectado mejor con nadie. Estoy segura. Eres mi hermana. Decir esto de alguien a quien conoces hace solo un año suena exageradísimo, pero es, con toda exactitud, lo que realmente pienso. Pocas personas, o mejor dicho nadie, me conoce del modo en el que tú lo haces. No hay nada que se te escape. Conoces todos los detalles sobre estos meses en que has sido mi apoyo y mi segunda parte, pero también sobre aquellos en los que, por ser temporalmente imposible, no estuviste. Aquellos acontecimientos que se te adelantaron pero que puedo asegurarte que no te has perdido.
Curiosamente, eres la única amistad, que rellene por completo esa palabra, que lleva en mi vida menos de diez años. No es que me cueste hacer amigos, aunque reconozco ser un poco insociable (voluntariamente) y no involucrar nunca a nadie en mi vida privada, pero había perdido la esperanza de encontrar a alguien más. Otro diamante. El diamante entre los amarillos, como dice Albert Espinosa en su libro "El mundo amarillo", que estoy segura de que no te has leído. Había un hueco sin rellenar en mi idea de amistad y tú tenías la forma y el tamaño exactos.
Estaba convencida, hasta que la propia realidad me hizo cambiarlo, de que no existía una sola persona en el mundo a la que le diera tan igual como a mí lo que pensaran los demás. Nadie que fuera tan sincero, tan noble que en ocasiones pudiera parecer tonto, pero a la vez con un carácter fuerte que jamás dejara que nadie se impusiera sobre él. Con un interior en el que la palabra egoísmo no existiese. Con las ideas claras y la mente despejada pero envuelta por una permanente y fina capa de dudas, o lo que fue más importante para mí, alguien que resultara no preocuparse por tonterías superficiales y materialismo, aunque, por supuesto, disfrutara de él como cualquiera de los mortales que le rodean y se jadeara de la necesidad que ellos encuentran.
Lo que quiero explicar ahora es más complicado, nunca he sabido explicarlo. El orden, la jerarquía que nuestras cabecitas crean sobre nuestras obligaciones es muy similar. Sabes destacar, con la importancia  que me parece necesaria, aquello que realmente vale la pena. Llevas a cabo todas las acciones con un único fin, el único fin válido en nuestras vidas: la felicidad. Todo lo que salga de sus márgenes, no tiene la menor repercusión en nuestra forma de hacer.
Incomprensible e inalcanzable para tantos y tan sencillo para nosotras.

Y hoy, un día cualquiera y especial como todos los demás, solo me apetecía recordarte que pase el tiempo que pase, en el momento en que me necesites no tendrás que llamarme, será suficiente con volver la vista hacia tu lado, porque ahí es donde pienso estar el resto de mi vida."

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